martes, 21 de julio de 2015

GUILLERMO DE JORGE

Guillermo de Jorge
(Santa Cruz de Tenerife, 1976)



Guillermo de Jorge (Guillermo George Hernández) cursó Filología Inglesa en la Universidad de La Laguna.  Es Suboficial del Ejército de Tierra del Arma de Infantería. Ha participado en varias misiones de paz, significando su estancia en Afganistán e Irak. Es presidente de la Asociación Nacional Círculo Artístico Cálamo. Miembro del Centro Andaluz de las Letras, colabora con el periódico La Voz de Almería y El Mundo. Dirige la Colección Cuadernos Literarios de la Editorial Círculo Artístico Cálamo. En 2008 fue nombrado Miembro del Instituto de Estudios Almerienses.
Le ha sido otorgado por la Junta de Andalucía el Diploma por su contribución y participación en Nueva Literatura Almería y fomento de la Cultura 2004. Finalista del Premio Creación Joven de Poesía de la Universidad de La Laguna 2005 y del Premio Nacional de Poesía Fernando Quiñones, actualmente colabora con el Diario de Almería, el Periódico El Día y con Canal 4 Tenerife.
Ha participado en encuentros literarios de carácter nacional e internacional, como el Encuentro Nacional de las Letras Islas Canarias, en el Festival Nacional de Poesía Ciudad de La Laguna, Festival de Poesía del Mediterráneo, el Encuentro de Poetas del  World Poetry Movement.
Ha sido finalista en el Premio Nacional de Microrrelatos Ciudad de La Coruña 2013 y del Premio Nacional de Microrrelatos Ciudad de Oviedo 2013. Actualmente, coordina la Revista Literaria Völúspa. Ha publicado “Corporeidad de la Luz" (2007), “HK-G36E" (2008), “En legítima defensa” (2014), "La máquina de escribir” (2015).  
Sus textos han sido publicados en revistas como “Selección de poemas" (México), “Varied poems" (Columbia, EE.UU.) En narrativa ha publicado “Relatos a Glo” (2008).
Próximamente, publicará su Cuaderno de Combate “Afganistán: Diario de un Soldado”, prologado por Lorenzo Silva. Ha sido traducido al catalán, al francés y al inglés. Pinchad el siguiente enlace para visitar su blog.



¿De qué le salva la poesía?

Es un proceso que sufro a diario. Que me hace enfrentarme a mis demonios. A veces, salgo indemne, muy pocas; otras, en la mayoría, naufrago. Y es en ese preciso momento cuando comienzo la búsqueda. Un viaje más que no sé a dónde me llevará, que temo, que me desvela por las noches, que no me deja conciliar el sueño y que, sin embargo,  necesito. Lo imploro. Lo suplico. Y lo bendigo. Y comprendo que no puedo vivir sin ella. Me levanto por las mañanas con el alma en un puño –el izquierdo-, con temblores en el pecho –con el corazón entre los dientes-. Abro los ojos y es entonces cuando vuelvo a la vida. Comienza la lucha. Comienza el poema.

¿Un verso para repetirse siempre?
           
“...y distinta la luz, si amanece desde tu cuerpo”. Ventanas sobre el bosque, de Antonio Jiménez Millán.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
           
“El Capital”, de Karl Marx y “la Biblia”. El primero, porque es una historia basada en hechos reales; algunos han intentado apropiarse de ella, pero han fracasado, no se han dado cuenta que ese discurso pertenece al pueblo, que no admite segundas lecturas, que no es corrupto, que es exactamente como el alma de un proletario: limpio. Y la segunda obra, porque es uno de los mejores libros de ficción escritos hasta hoy y la humanidad debe saberlo: sobre su ficción, digo.

Amor, muerte, tiempo, vida… ¿Cuál es el gran tema?
           
Quizás, la vida. Porque en ella podemos encontrar las demás trivialidades del ser, el resto de los paradigmas. Sin ella, no hay amor, ni tiempo, ni espacio, ni siquiera la muerte. O por lo menos su consciencia. Aunque sepamos, de antemano, que estamos destinados a morir y que todo esto que estamos viviendo aquí y ahora, en este preciso momento, nunca ha pasado, nunca pasó, ni volverá a pasar.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?

“Mi bandera no es otra que el sudor del vecino de enfrente”, Julio Alfredo Egea.


¿Escribir, leer o vivir?

Primero de todo, vivir. Vivir, vivir y vivir. Después, leer. Leer y leer. Y si pasado todo lo anterior, existe un mínimo resquicio para escribir, beber. Fundamental, beber. Y si por algún casual sobra algo de tiempo, a lo mejor, si cabe, si es posible y si procede, escribir -escribir como la última consecuencia del ser-.

¿Dónde están las musas?

Aún no las conozco, pero supongo que trabajando. Siempre están trabajando. Quizás, por eso nunca han querido saber nada sobre mí. Quizás, sea esa una de mis debilidades. Cada vez me cuesta más empuñar el lápiz. Cada vez me cuesta más vivir. No sé si son los años o la vida. Pero nadie está exento de ellas, al igual que nadie puede asegurar su existencia. Y porque, sobre todo, temo a todo aquel que, en un arrebato de su estado de gracia, escriben bajo los efectos o bajo el áurea de las musas. De ahí a los sonetos como churros, hay sólo un paso.

¿Qué no puede ser poesía?

Incluso la nada no se salva de ser poesía. No lo digo yo, ya lo decía Valente.


¿Cuál es el último poemario que ha leído?

“Balada en tres tiempos”, de Rafael Guillén.


Si todos leyéramos versos, el mundo…

Sería un libro.


Tres autores para vencerlo todo.

Lorca, Lorca y Lorca.


¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Me quedo con el verso. Con el poema. Con los labios. Con la luz de las pupilas ajadas sobre un pecho. Con la terrible tempestad que proclama tu nombre, sobre todas las cosas. Que proclama Isla, a pesar de todas las cosas. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario