lunes, 21 de septiembre de 2015

MARÍA GARCÍA ZAMBRANO


María García Zambrano 
(Elda, 1973) 


Es licenciada en Periodismo y posee estudios de doctorado en Literatura en la Universidad de Sevilla; postgrado en Letras Modernas en la Universidad Paris- Saint Dennis; estudios de semiótica en la Universidad de Lima; y seminarios de literatura argentina en Buenos Aires. Trabaja como profesora de Lengua Castellana y Literatura en Madrid.
Tiene publicados los libros El sentido de este viaje (Alicante, 2007) y Menos miedo (Madrid, 2012. Premio Carmen Conde de la Editorial Torremozas y finalista del Premio Ausiàs March al mejor poemario del 2012 del Colectivo Addison de Witt).
Parte de su obra es recogida en las antologías: Voces Nuevas XX. (Editorial Torremozas, 2007); Poesía en Sidecar. (Huerga y Fierro. 2013, 2014); En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis. (Bartleby Editores, 2014); El salón Barney. (Playa de Ákaba, 2014); Voces del Extremo 2014. (Editorial Amargord); 28/28 La Europa de las escritoras. (Gobierno de Cantabria, 2015); Amor se escribe sin sangre. (Editorial Lastura, 2015).
Su poesía aparece en revistas como Nayagua, Escritores en Red, Duoda o Tendencias 21. En 2015 publica en la revista “La” de la asociación cultural Tres en suma, de Madrid.
Ha sido colaboradora en Radio Círculo, del Círculo de Bellas Artes, con un espacio sobre poesía escrita por mujeres; coordinadora del taller “Compartir poesía”, de la Fundación Entredós; y forma parte de la asociación de escritoras “Genialogías”. Sus versos han sido traducidos al rumano y al portugués. Su blog es www.partirdeahora.blogspot.com



¿De qué le salva la poesía?

Salvar, salvar... Te salva la penicilina, ¿no? Esto es lo que diría alguien que no ha sido atravesado por ella... Pero la poesía es “el lugar donde todo sucede”, decía Alejandra Pizarnik, y en mi caso es el lugar donde soy más yo, sin máscara y sin miedo. Y esto te cura y te salva, claro que te salva.

¿Un verso para repetirse siempre?

No sé si para repetirse pero lo cierto es que regresa a mí como una letanía: “La jaula se ha vuelto pájaro/ qué haré con el miedo”, de A. Pizarnik.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Tantos... Mencionaría los que no faltan nunca, por lo evidente, pero, ¿qué hay de tantas voces poéticas fundamentales que no están? Esos son los que yo llevaría... Poesía, mucha poesía.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?

“El amor, solía decir mi madre, es lo único que importa en esta vida. El amor de verdad, añadía, como si temiese no haberse explicado bien.” John Berger


¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Muchísimos... Cualquiera de La elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández, por ejemplo.

¿Escribir, leer o vivir?

Vivir, siempre vivir... Y leer, leer todo lo que se pueda. Lo de escribir es solo un vicio incurable que tenemos algunos...

¿Dónde están las musas?

En todas las cosas del mundo. Es “solo” cuestión de mirada.

¿Qué no puede ser poesía?

La barbarie humana, esa a la que asistimos hoy, verano de 2015, en Europa, y ante la que no hacemos nada.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?

Suelo leer varios libros a la vez... Los últimos, La herida en la lengua, de Chantall Maillard, y Quién crees que eres yo, de María Ángeles Maeso. Muy grandes.

Si todos leyéramos versos, el mundo…

Me viene a la cabeza la canción de La cabra mecánica “y el mundo me parece más amable, más humano, menos raro...”. Prefiero pensar que ojalá todo el mundo tuviera acceso a la educación, a leer y escribir, porque las cifras todavía estremecen.

Tres autores para vencerlo todo.

Daisaku Ikeda, filósofo y poeta japonés, mi maestro; María Zambrano, la razón poética; y Alejandra Pizarnik, por todo lo que le debo. ¿Y puedo añadir una más? Juana Castro, una de las mejores poetas vivas de este país.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Mi pluma dorada para los fogonazos, los versos en la calle o en el autobús... Pero luego, nada romántico: me siento a escribir en un MacBook.




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