miércoles, 21 de octubre de 2015

JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ


José Óscar López
(Murcia, 1973)


Foto de Elena Merino.

Es autor del largo y alucinado poema épico, o road movie en verso, Vigilia del asesino (Celesta, Madrid, 2014) y del poemario Llegada a las islas (Baile del Sol, Tenerife, 2014). Como narrador es autor del libros de relatos Los monos insomnes (Chiado, Madrid, 2013).
También ha publicado Nosotros, los telépatas (plaquette en formato electrónico con dos relatos, Suburbano, Miami, 2013), y ha participado con un extenso relato, “Armas de fuego místico”, en la antología colectiva Extraño Oeste (Libros del Innombrable, Barcelona, en prensa). Sus narraciones y poemas han aparecido en revistas como La bolsa de pipas o Hache, y en websites como Los novelesLas afinidades electivas La nave de los locos. Ha colaborado como crítico y ensayista en antologías colectivas como Los Supremos. Superhéroes y cómics en el relato hispánico contemporáneo (El Cuervo, Bolivia, 2013), y en revistas como El coloquio de los perrosDeriva Quimera.



¿De qué le salva la poesía?

Del aburrimiento y del mal. Del lenguaje que no sirve al lenguaje, de la vida que no sirve a la vida.

¿Un verso para repetirse siempre?

Uno que mute a cada instante. Ahora mismo se me ocurre uno, de una canción de Sr. Chinarro, que me encanta: “Hay agua viva en el lavabo”. Bueno, uno más definitivo, espere…. Sí, estos versos de Shakespeare: “La vida es una sombra... Una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa”

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

No me obligue usted a elegir, yo solo soy monoteísta en el amor. Al hilo de la pregunta anterior, uno mutante que comprenda y abarque todos los demás. No creo en el número uno, a partir del dos todo empieza a ser más divertido. Una de las cosas que más me fascina de las bibliotecas es la alegoría que construyen del triunfo de las voces distintas y multiplicadas, de la innumerable pluralidad. Bueno, venga, uno: El libro del desasosiego de Fernando Pessoa.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?

El mal en la narrativa. Y en la poesía su reverso, esto es el amor. Porque la poesía debe ir al grano. Todo lo demás, parafraseando a Dante, gira en torno del amor.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Muchísimos. Cuando intento escribir poesía , la prueba definitiva para dar por bueno un verso es que no parezca que lo haya escrito yo. Voy a decirle uno que se me ocurre ahora, del Conde de Villamediana: “La tierra llora pues el cielo canta”.


¿Escribir, leer o vivir?

Todo mezclado y agitado. Al final se trata de la misma borrachera.


¿Dónde están las musas?

Donde duela, tengas miedo o sientas asombro.


¿Qué no puede ser poesía?

Los propios poetas. Es de justicia (poética).


¿Cuál es el último poemario que ha leído?

La edad de merecer de Berta García Faet. Bueno, es una relectura. Un libro excepcional, mi poemario preferido en lo que va de año –o en dura pugna con el último de Julieta Valero, Que concierne.


Si todos leyéramos versos, el mundo…

Dudaría más y estaría más abierto a la conversación y a la belleza. Y al silencio y a la belleza


Tres autores para vencerlo todo.

Si digo Homero, Shakespeare o Kafka suena obvio. Le diría los autores que me quedan por leer, dicen que llega un momento en que uno prefiere releer y supongo que yo no quiero hacerme viejo. Ahora estoy en modo leerlo-todo de Don DeLillo o de Gonçalo Tavares, por ejemplo. Claro que esta es una revista de poesía y no hay nada más peligroso que recomendarle una novela a un lector de poesía, no sé por qué pasa esto pero por mi experiencia suele ser así. Vale, tres poetas: el anónimo y múltiple del Romancero, el que compone la constelación de los Siglos de Oro y Juan Ramón Jiménez.


¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Soy un yonqui del cuaderno y el bolígrafo. Y cuando llega la hora de volverse loco pasando a limpio y poniendo orden, el teclado y mucho café. 



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