sábado, 21 de noviembre de 2015

ANA PÉREZ CAÑAMARES


Ana Pérez Cañamares
Santa Cruz de Tenerife  (1968) 



Vive en Madrid. Ha participado en numerosas antologías de relato y poesía, como por ejemplo: Por favor sea breve (Editorial Páginas de Espuma); Beatitud. Visiones de la Beat Generation (Baladí Ediciones); Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (Editorial Caballo de Troya/Mondadori);  23 Pandoras. Poesía alternativa española (Editorial Baile del Sol); La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Bartleby Editores), o En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis (Bartleby Editores), entre otras muchas.
Participa con asiduidad en recitales y festivales de poesía, tales como La Noche del Apagón (en el MACBA, Barcelona), Voces del Extremo (Huelva, Madrid, Logroño), con el Instituto Cervantes (Croacia y Polonia), Poesía en tiempos de disolución (Universidad de Valladolid), Festival MadMed (en Madrid, simultáneo con el festival de poesía de Medellín), etc., y en librerías, bibliotecas y centros culturales.



Ha publicado el libro de relatos En días idénticos a nubes y los poemarios La alambrada de mi boca, Alfabeto de cicatrices (todos ellos en Baile del Sol), Entre paréntesis. Casi cien haikus (La Baragaña), Las sumas y los restos (Devenir. Premio Blas de Otero-Villa de Bilbao 2012) y Economía de guerra (Lupercalia). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, griego, polaco, croata y portugués.



¿De qué le salva la poesía?

Sin ella sé que viviría mi vida de forma más plana, más inconsciente, más aislada.


¿Un verso para repetirse siempre?

«Vine para ver el daño causado/y los tesoros que perduran”. Adrienne Rich.


¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Hay un libro perfecto para cada lector y para cada momento vital. Soy incapaz de decir uno.  


Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?

El tema es la vida, que lo incluye todo. El misterio que es la vida y todo lo que amenaza con destruirla o rebajarla. Aparte de que los temas no resisten cortes limpios… Los poemas sociales esconden poemas de amor, los poemas sobre la muerte pueden ser un canto a la vida… y así todo.


¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Desconozco la envidia en la poesía. Cuando leo algo que me gusta a rabiar pienso ah, qué bien, otro se tomó la molestia de escribirlo. Un trabajo que me ahorro y puedo pasar a otra cosa. Me siento agradecida.


¿Escribir, leer o vivir?

¿Se puede hacer un corte limpio? Cada una de ellas lleva un poco implícito a las otras… Aunque mi preocupación está en conseguir un equilibrio que me permita dedicarle a cada una el tiempo que necesita para desarrollarla con satisfacción. En realidad, el problema, como casi siempre, es la cantidad de obligaciones de las que no podemos escapar y que nos quitan tiempo y energía para las actividades que de verdad importan.


¿Dónde están las musas?

Como dios, no existen pero están en todas partes.


¿Qué no puede ser poesía?

Lo inhumano, lo feo, lo mezquino, lo que no enseña ni es generoso.


¿Cuál es el último poemario que ha leído?

He alternado Hoz en la espalda, de Isla Correyero, y La puerta, de Margaret Atwood. Fantásticos.


Si todos leyéramos versos, el mundo…

Sería más empático, quiero pensar. Sería más difícil dejarnos engañar y tendríamos las prioridades más claras.


Tres autores para vencerlo todo.

Sharon Olds, Wislawa Szymborska, Yehuda Amijai.


¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Primero, siempre, papel y pilot. Luego, para pasar a limpio la primera versión y reescribir el poema unas cincuenta mil veces, ya el teclado.



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