lunes, 11 de enero de 2016

LUIS BAGUÉ QUÍLEZ


LUIS BAGUÉ QUÍLEZ

 (Gerona, 1978)



Es un poeta, ensayista y crítico español en lengua castellana nacido en Palafrugell (Gerona) en 1978. Es doctor en Filología Hispánica. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Telón de sombras (Madrid, Hiperión, 2002), El rencor de la luz (Talavera de la Reina, col. "Melibea", 2006), Un jardín olvidado (Madrid, Hiperión, 2007), Página en construcción (Madrid, Visor, 2011) y Paseo de la identidad (Madrid, Visor, 2014). En colaboración con Joaquín Juan Penalva, ha escrito el libro de poemas cinéfilos Babilonia, mon amour (Murcia, Universidad de Murcia, 2005) y la plaquette Día del espectador (Logroño, Ediciones del 4 de Agosto, 2009). También es autor de los ensayos La poesía de Víctor Botas (Gijón, Llibros del Pexe, 2004) y Poesía en pie de paz. Modos del compromiso hacia el tercer milenio (Valencia, Pre-Textos, 2006). Codirige la revista de poesía Ex Libris.







¿De qué le salva la poesía?
En realidad, me condena a ingresar en un extraño club cuyos miembros padecen síndrome de Stendhal y manía persecutoria.

¿Un verso para repetirse siempre?
“En fin, en fin, tras tanto andar muriendo”. Lo escribió el capitán Francisco de Aldana antes de morirse definitivamente en el pudridero de Alcazarquivir, donde por cierto desapareció el primer Elvis de la historia: el rey Sebastián de Portugal.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Eso depende del espacio libre en las bibliotecas. Con la Biblia se podría anticipar toda la historia de la literatura, pero sin el Quijote no sabríamos reírnos de nosotros mismos. Para no andarme por las ramas, pongamos los cuentos no tan cortos de Borges y Cortázar, los poemas bálticos de Tomas Tranströmer y las novelas menos ejemplares de Roberto Bolaño.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Todo forma parte del mismo ciclo, como en El rey león. Con todo, me interesa más contar el presente que lamentar el pasado: si me dan a elegir, prefiero mirar por el parabrisas a hacerlo por el retrovisor.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Cualquiera de Poeta en Nueva York. Cualquiera de Conjuros. Cualquiera de Tratado de urbanismo. Cualquiera de Alzado de la ruina. Cualquiera de Habitaciones separadas. También tengo debilidad por “Si lucho soy un serrucho”, de Carlos Edmundo de Ory. Y, sin duda, mi medio verso favorito es una declaración de empirismo: “quien lo probó lo sabe”.

¿Escribir, leer o vivir?
Vivir para leer y escribir para volver a vivir.

¿Dónde están las musas?
Según el poeta peruano Nilton Santiago, se han ido de copas. Ahí están bien.

¿Qué no puede ser poesía?
Los sentimientos sin pasar por la túrmix; es decir, el sentimentalismo. No me van las operaciones a corazón abierto, aunque sean operaciones retóricas. Una cosa es la intimidad y otra el harakiri.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?
Por vicio y por oficio, nunca leo un solo poemario, aunque algunos los lea incluso dos veces. En mi escritorio están Yo, chatarra, etcétera, de Alberto Santamaría, y Los allanadores, de Carlos Pardo. También debe de andar cerca la antología Pasos inciertos, de Claribel Alegría.


Si todos leyéramos versos, el mundo…
Se caería a pedazos. Más o menos como ahora.

Tres autores para vencerlo todo.
Para ver mejor: John Ashbery. Para oír mejor: Claudio Rodríguez. Para sentirse mejor: Wisława Szymborska.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Demasiado viejo para lo tercero y demasiado joven para lo primero.


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