lunes, 11 de enero de 2016

VALERIA CANELAS

Valeria Canelas 
(La Paz, Bolivia, 1984)


Hace doce años Valeria Canelas viajó desde La Paz a Madrid para estudiar Historia. Durante todos estos años, además de terminar una carrera y un máster y trabajar en los lugares más variopintos, se ha ganado a pulso su proclamación como fundadora indiscutible del Instituto Superior Felino y celestina ocasional. Valeria Canelas no tiene conocidos, solo amigos. Todos ellos saben que la guía del ocio madrileña permanece siempre actualizada en su cabeza: tan pronto organiza una ruta de degustación de tortilla de papas como arrastra multitudes a bailar electrocumbia. Ahora se encuentra en Indiana (Estados Unidos), requerida de nuevo por asuntos académicos. Y sí, además de todo esto Valeria Canelas es poeta. Existen diversos testimonios que lo corroboran: su blog edithoster.blogspot.com y haber participado en algunas antologías y revistas. Es, además, una de nuestras autoras de la Panóptica Primera del Número CU4TRO.




Voy a empezar diciendo que responder este cuestionario me avergüenza y emociona a partes iguales. Así que esos estados de ánimo se irán filtrando en cada una de las respuestas, de manera  muchas veces imperceptible para mí. Hasta que pasados unos días vuelva a leer el cuestionario y mis respuestas sólo me den vergüenza. Pero eso será cuando el ego intente recuperar inútilmente lo que aquí he escrito como si fueran palabras mías, como si estas palabras se hubieran convertido en un órgano fantasma que nos (al ego, al cuerpo y a mí) vigila y señala. De todas formas, sólo habrá intemperie y orfandad, y nada de esto tendrá importancia.  Entonces, a fuerza de esa vacuidad, la vergüenza irá desapareciendo hasta que entre lo escrito y yo sólo quedé una especie de desconocimiento con guiños ocasionales y aterradores, como suele pasar con todo lo que leo.


¿De qué le salva la poesía?

De tener miedo a tener miedo.  De creer que el lenguaje es otra cosa distinta a la intemperie.
De caer en la tentación de buscar una certeza absoluta.
De pensar que la enfermedad  y el dolor son signos unívocos y estériles.

¿Un verso para repetirse siempre?

lo imposible tan estúpido como lo real: no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas Noches
Que, en realidad, son dos versos  (no me pude decidir) de dos de los poemas que más veces he leído: Tabaquería de Álvaro de Campos /Pessoa y Sala de Psicopatología de Alejandra Pizarnik.


¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Quizás cualquier libro de poesía escrito en una lengua diferente al del propietario o propietaria de la biblioteca en cuestión. Y quizás digo esto porque ahora que vivo en un país donde se habla una lengua que no domino me siento un poco analfabeta (recuerdo a menudo el libro que lleva ese título de Agota Kristof) y, usualmente, siento que nada de lo que leído hasta ahora me sirve para superar la materialidad del lenguaje. A veces me pongo a leer en voz alta poemas en la  lengua del país donde vivo, aunque probablemente pronuncie las palabras mal. Y por momentos siento que me estrello con una pared justo en el instante en que se me está a punto de revelar el sentido o algo que se le parece. Pero hay otros momentos en que creo haber comprendido algo más allá de la comprensión racional y llegó a sentir la misma emoción que me recorre cuando leo algo que me sacude en mi lengua materna. Entonces, cuando intento traducir ese poema me encuentro con una sensación parecida a la que tengo cuando escribo y cuando quiero decir buenas noches pero no es eso lo que quiero decir.
Pensé que esta iba a ser mi respuesta más corta y se ha convertido en la más larga. Mañana empiezo un curso de traducción, quizás me he extendido porque llevo todo el día dándole vueltas a la intuición de que escribir quizás sea traducir.


Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?

Lenguaje, que es todos los temas y que no sería nada sin los temas, cualquiera de ellos.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Tantos. Todos los que me han conmovido. Pero lo cierto es que al leerlos con tanta emoción los he vuelto parte de mí y me los he apropiado. Siento que, de alguna manera, cada vez que los he leído también los he escrito.  Hay varias frases de Gadamer sobre esto que me gustaría cita ahora mismo….pero (tópico) mi/la biblioteca está muy lejos.

¿Escribir, leer o vivir?

Me es muy difícil establecer rígidamente las diferencias, como digo en la anterior respuesta. Quizás lo indecible que ocurre en el espacio intermedio entre las tres actividades.  Es decir, las tres y, aisladas, ninguna.

¿Dónde están las musas?

No están o están muertas. Por eso ausencia es una palabra tan hermosa, porque tiene que contener muertes, negaciones y espectros. 

¿Qué no puede ser poesía?

Quizás la certeza .

¿Cuál es el último poemario que ha leído?

“Tratado de las sensaciones” de Arturo Carrera.
Y antologías y revistas de poesía en inglés.

Si todos leyéramos versos, el mundo…

Sería terrible y hermoso (como, por otra parte, ya es). Y quizás los objetos se reafirmarían en su rol de restaurar el silencio, como diría Beckett.

Tres autores para vencerlo todo.

O para perderlo todo. Y que conste que esto no es una lista de mis favoritos o algo así. Pero, sin duda, mi relación con el lenguaje (y los géneros, y las certezas, y el cuerpo) se tambaleó violentamente con cada uno de ellos, en los distintos momentos en que llegué a sus obras o sus obras llegaron a mí y lo rompieron todo. (Ahora se me viene a la mente el verso de Roberto Juarroz: tal vez lo roto sea.)
Jacques Derrida
Alejandra Pizarnik
Jean-Luc Godard


¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Papel y bolígrafo, mayormente. Y, a veces, la luz artificial del ordenador. Aunque últimamente he escrito cosas en el móvil y me los he enviado por mail, cosa que, viniendo de mí que soy una retrógrada tecnológica, no deja de sorprenderme. 






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