lunes, 21 de marzo de 2016

ALEJANDO COELLO HERNÁNDEZ

ALEJANDO COELLO HERNÁNDEZ
(Santa Cruz de Tenerife, 1996)



Cursó el Bachillerato de Humanidades en el IES La Laboral obteniendo al finalizar el Premio Extraordinario de Bachillerato de Canarias. Ha recibido numerosos cursos de literatura y creación literaria y ha participado en recitales y charlas. Actualmente, realiza sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna que combina con la creación y la preparación de nuevos proyectos de difusión literaria.



¿De qué te salva la poesía?
La poesía nos salva de todo, incluso hasta de nosotros. La literatura es el único medio que nos asegura la libertad, el poder de contactar con lo que tenemos detrás de detrás de nosotros y del que nos lee. La poesía nos salva de desconocernos.

¿Un verso para repetirse siempre?
«Este tiempo de amor nunca termine» de Luis Feria.

¿Narrativa, teatro, ensayo… o sólo poesía?
Sin duda, todos los géneros. Es una aventura descubrir estas cuatro formas de acercarse a la literatura. Cada una tan única y a la vez tan semejante. La creación no es un trabajo fácil y ponerse en cuatro planos diferentes sirve para conocer mejor los mecanismos de nuestro arte y sus géneros. También  nos sirve para saber los límites e intentar quebrantarlos. Por ejemplo, a veces ignoramos lo que tiene la narrativa de poesía, o viceversa.

¿Qué otras disciplinas artísticas practicas?
La literatura abarca todo mi tiempo, pero siempre querré ser bailarín.

¿Cuándo comenzaste a escribir poesía?
Con 14 años. Quería ser todos aquellos a los que empecé a leer. Este principio me ha servido para comprender que a la gente, aunque sea “tarde”, hay que ponerles un libro en las manos y de los buenos. Tenemos que intentar trasmitir todo lo que somos y sabemos.

¿Qué crees que define tu obra?
Si pudiese afirmar con seguridad algo que hasta ahora esté presente en todo lo que he escrito, tendría que decir que la literatura es el punto de retorno continuo. Detrás de todos los textos, hay otros textos, intertextualidades, guiños a aquellos escritores que no paran de asombrarme. También hay realidad, una realidad poetizada que evoca lo que me rodea, lo que me enloquece, me nutre y me mata. Todo lo mejor escrito posible, las palabras son traicioneras. Mi “obra” no dejan de ser el reflejo de mis preocupaciones e inquietudes.

¿Crees que existe en las islas un estilo propio, una manera particular de hacer poesía?
Como apunta en un ensayo Andrés Sánchez Robayna, en esta microtradición literaria, sí existen esencialidades que caracterizan a la poesía y, por extensión, a la literatura de las islas. La insularidad, el aislamiento de ese mar que poderosamente te persigue en todo momento, esa lejanía que existe entre las propias islas, una percepción intimista y reflexiva del paisaje canario... Como pueden ver, toda la realidad influye en la creación. Por si esto no valiese ya como justificación, algunos críticos que se han acercado a esta literatura, como Ángel Valbuena Prat o Martín Beux, han convenido en las peculiaridades de la literatura en las islas. Sin embargo, aquí no se para de discutir sobre asuntos terminológicos que dejan de lado la calidad de muchas obras.
Por último, hay que aludir a un punto que siempre me gusta advertir y es el puente que supone Canarias entre la literatura peninsular y la hispanoamericana, e incluso con la extranjera en la primera mitad del siglo XX. Estamos en ese mundo macaronésico que une las dos orillas del Atlántico.

¿La poesía está de moda?
Depende de lo que consideremos poesía. Pero sin duda está ocupando un lugar importante entre los jóvenes, aunque algunos no se quieren dar cuenta. Quizá, el problema de la poesía de este siglo es el egocentrismo. No paro de repetirlo: leer poesía está más allá de los cuatro egos que publican en la red o recitan en los bares. Tenemos que concienciarnos de que antes de nosotros estuvieron otros. Así, avanzaremos a una poesía más contemporánea y evitaremos sentirnos originales por haber alcanzado un texto que hace mucho, de una manera similar, escribió otro.

¿Crees que faltan referentes en la poesía?
Depende de cómo se mire. En la actualidad, tanto árbol nos impide ver el bosque. Hay miles de blogs, de publicaciones a diario en Internet e inevitablemente muchísimas que no valen la pena pararse a leer. Eso causa agotamiento y frustración. Sin embargo, hay muy buenos exponentes que seguro que marcarán la poesía, porque ya lo están haciendo. Y escritores de calidad como estos que publican junto a mí: Daniel María, Yeray Barroso o Covadonga García Fierro, a los que he tenido el placer de leer. Además, como siempre insisto, los referentes también están en lo que hemos leído y lo que nos queda por leer.

¿Qué pretende uno cuando escribe?
Ahora que aún soy joven, cambiar el mundo. Un poema en los labios de una persona puede cambiar todo el mundo del que escucha o al menos replanteárselo. Escribir es una tarea, como ya he dicho, de reconocimiento. Cuando escribo, puedo descifrar si yo sigo siendo yo o si “yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa” como escribió García Lorca. Puedo descifrar quiénes fuimos escuchando al pasado, quiénes podemos y queremos ser. Cuando se escribe, se puede pretender crear un mundo nuevo.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Si tuviese que elegir un imprescindible, sería Crimen y castigo de Fiodor Dostoievsky.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Todos. No hay tema que no se toque. El amor tiene tanto de muerte y vida como de tiempo. Mientras vivimos, que es ir muriendo, amamos y todo eso solo se puede dar porque somos tiempo, que se consume. Escribir es tocar todos esos temas, muchas veces sin quererlo.

¿Qué verso de otro querrías haber escrito?
Me conformo con escribir alguno de los soliloquios de Calderón en La vida es sueño.

¿Escribir, leer o vivir?
Dice un buen amigo mío que escribir y leer son palabras sinónimas. Probablemente vivir sea parte de esa inseparable relación. Aunque debo confesar que ahora leer y vivir pesan sobre la escritura. No se puede escribir livianamente.

¿Dónde están las musas?
En ninguna parte. No existieron nunca. Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando, así lo dijo Picasso. El arte es trabajo duro y la inspiración no es otra cosa que una circunstancia. No todos los días tenemos el cuerpo igual. Además, eso de las musas solo sirve para arrebatarle al artista su esfuerzo. ¡A ver si las enterramos en este siglo!

¿Qué no puede ser poesía?
Poesía no puede ser lo primero que nos brota del pensamiento, la poesía es una idea, un instante que se dilata en el tiempo, que se elabora, se reelabora. No podemos convertir a la literatura -ya no solo la poesía- en esas ideas ingeniosas que se nos cruzan por la cabeza y publicamos en las redes sociales. Sería desvalorar todo el trabajo y el esfuerzo que supone la creación artística.

¿Cuál es el último poemario que has leído?
Por razones académicas, Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío. Por decisión propia, Odas de Ricardo Reis de Fernando Pessoa.

Si todos leyéramos versos, el mundo…
sería un caos. No pararían las discusiones literarias y quizá dejaríamos de robar en las instituciones, de matarnos y odiarnos, de contaminar, de explotar a los débiles. Estaríamos ocupados eligiendo entre Góngora y Quevedo.

Tres autores para vencerlo todo.
Ya he dado muchos nombres y todos son invictos. Añadiría a José Emilio Pacheco, Wislawa Zsymborska y Gustave Flaubert.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Papel y lápiz, luego paso al teclado. El smartphone es una buen medio para las notas y guardar las obras.





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