martes, 12 de abril de 2016

ISABEL KLEIN


ISABEL KLEIN
(Caracas, Venezuela, 1996)





Aunque venezolana de nacimiento, vive desde los cuatro años en Tenerife. Lee desde los once años y pronto sintió interés por el teatro, interpretando algunos papeles de obras clásicas, además de comenzar su andadura como poeta. Estudia Filología Hispánica.




¿De qué te salva la poesía?
La acción de “salvar” no la consideraría exclusiva de la poesía, es decir, a ella como palabra le asaltan cientos de acciones: “luchar”, “conquistar”, “explicar”, “conocer”, “enseñar”…, no solo enfocadas al lector, sino también para el autor. La poesía es una forma, ante todo, de ver. Entonces, más que salvar, diría que abre diferentes ventanas a la conciencia para captar matices de luz distintos, que varían la realidad y nos permiten conocer más allá del más mínimo detalle, incluso el que parece ser más obvio.

¿Un verso para repetirse siempre?
Un verso es como un día, cada cual es diferente; por tanto, realmente no existe un verso de “siempre”, sino un verso para cada circunstancia. Hoy, por ejemplo, tengo esto en la cabeza y los labios: “Tengo sed de hacer canciones, tengo hambre en general”, de la canción En Braile, de Pedro Pastor.

¿Narrativa, teatro, ensayo… o sólo poesía?
Lo que requiera la imagen, es decir, depende de lo que fluya en ese momento de creación. Quizás habla un personaje, y quiera ser narrativa, o más exigente, quiera ser interpretado, quiere saltar del libro a la escena; o también puede ser verso, en un poema, porque ese día quiso ser poesía. Pero, en ningún momento, deja de existir.

¿Qué otras disciplinas artísticas practicas?
Esencialmente, el Teatro, sobre el escenario. “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”, afirmó Federico García Lorca. Es una manera de ser poesía, de interpretar  la acción que discurre en verso y prosa en una corriente visual, como un cuadro en movimiento. El teatro es la canalización  de todo lo humano, una liberación.

¿Cuándo comenzaste a escribir poesía?
A partir de una fecha relativamente temprana (es decir, llevo muy poco tiempo escribiendo), aunque no sé decir con exactitud cuándo. Siempre suelo escribir en alguna libreta de la que nunca me separo y, simplemente, empecé a escribir en verso porque surgió esa manera, y desde ese momento, no he dejado de hacerlo.
Ahora, escribo todos los días, y en especial durante este año, 2016, en el que las palabras nos ha retado en Soxclock, un proyecto creativo que llevo junto a Norberto Trujillo y en la que cada día improvisamos  un microcuento diferente, publicado en nuestra página de Facebook.

¿Qué crees que define tu obra?
Sinceramente, no lo sé. Quizás lo que pueda definirla es el posesivo “mío” (y entre comillas, porque tampoco es completamente mío). Todo lo que escribo es una proyección del mundo desde mis gafas, un batiburrillo de elementos que se entremezclan con pensamientos diversos. Pero no creo que exista una constante en ella, un empuje concreto, una motivación exacta. Depende del aire, el mar y los dedos.

¿Crees que existe en las islas un estilo propio, una manera particular de hacer poesía?
Cierto es que muchos autores coinciden con una imagen esencial del entorno: el mar, su inmensidad y fuerza. Pero es lo más básico que podemos deducir, pues, a pesar de las fuerzas de los investigadores sobre la literatura de nuestra tierra (y mar), ciertamente, aún queda un gran camino de concienciación sobre nuestra literatura, desde la escuela hasta que salimos del bachillerato. Más de una vez, me he encontrado con personas que la desconocen (en las cuales, debo incluirme mínimamente, para mi desgracia, pues aún me queda por saber) y que parecen no tener interés sobre ella, al igual que existe un desprecio hacia todo lo “propio”, y no solo lo referente a Canarias, sino a la cultura española en general. Por ejemplo, si alguien me pregunta qué leo, mientras tengo un poemario de Machado de las manos y les respondo qué es, la mueca de la persona suele ser un cuadro negro de Goya (¡qué capricho!).

¿La poesía está de moda?
Están de moda los blogs, están de moda las imágenes de Instagram con frases acopladas en el paisaje, están de moda los estados de Facebook con un contenido tan profundo como una piscina hinchable. No creo que eso deje de ser literatura, ni tampoco que esté mal, pero quizás es un exceso de “mercado”, como si escribir fuese otra forma de verse bien ante el espejo y no es el espejo en sí (aunque escribir tampoco llega a ser espejo pulido).

¿Crees que faltan referentes en la poesía?
Referentes hay, maravillosos, en cada rincón. Lo único que hace falta es inducir a la lectura, al conocimiento y a la motivación por querer  conocer el amplio mundo de letras que rodea al mundo. Porque la literatura, en todas sus manifestaciones y referentes, es una recopilación de la asombrosa capacidad humana para alcanzar el mundo. Pero escasea la lectura o la reflexión sobre la misma: la autoconstrucción.

¿Qué pretende uno cuando escribe?
Quizás lo más esencial: expresarse, simplemente. Desde aquí, entonces, entran a la batalla todos los temas que uno quiera hacer brotar, lo que urge por querer ver la luz y ser una pieza más del entorno.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Es una cuestión muy relativa, habría que hacer una selección por géneros, autores, épocas, temas… Pero, sinceramente, en todas ellas debería haber siempre un hueco para un libro de cuentos, sin importar el autor o el tema, ya que un cuento condensa una acción o una escena en minutos, la imagen es tan rápida y pausada, que en casi todas las ocasiones introduce al lector en un pequeño mundo que se desborda brutalmente por los límites del papel.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Todos son lo mismo: acontecimientos humanos, no hay uno más grande que otro, porque todos son grandes en su momento, y nunca dejan de serlo.

¿Qué verso de otro querrías haber escrito?
Realmente, ninguno, porque ese verso es suyo. Como mucho, sería un placer interpretarlo, pero escribirlo no sería posible: la proyección de otro, su verso, es como un par de gafas. Si te las pones, puedes marearte.

¿Escribir, leer o vivir?
Son similares un buen desayuno: escribir, leer y vivir son los componentes ideales para llevar una vida saludable y práctica, porque aportan energía y fuerza (mental, que se traduce a física).

¿Dónde están las musas?
En todo lo que puedan abarcar los cinco sentidos y el pensamiento.

¿Qué no puede ser poesía?
Cualquier elemento, incluso un gusano, puede serlo. La poesía es una manera de hablar, nos guste escucharla o no, pero es poesía al final, porque se expresa como tal.

¿Cuál es el último poemario que has leído?
No recuerdo uno concreto, últimamente he estado picando los versos de Lady verse: el hada de la hiedra de Javier de la Rosa, Campos de Castilla de Machado, A solas con la mar  de J.J Benítez, Océanos Hipotéticos La costa espera del canario Seca Herrera Sicilia, entre otras muchas poesías.  

Si todos leyéramos versos, el mundo…
Sería aburrido. Bueno, quizás si solo leemos exclusivamente versos y con una retórica muy musical, viviríamos en una canción. Pero el mundo se ha construido para disfrutar de los paisajes nevados y las sabanas, no todo es un árbol, un río y un valle. Y lo más bonito es que todo es un Todo, la poesía es teatro y narrativa, como la narrativa es poesía y teatro, y el teatro, lo mismo que lo anterior y gritando.

Tres autores para vencerlo todo.
Silvio Rodríguez, Oscar Wilde y Valle-Inclán.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Lo que esté delante. El bolígrafo (más que el lápiz) y el papel siempre son elementos “románticos” porque la letra de cada uno es un actor de sí mismo. Pero el móvil también es divertido, siempre que le quites el corrector.






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