martes, 21 de junio de 2016

CONSTANTINO MOLINA


CONSTANTINO MOLINA
(Albacete, 1985)



Abandonó los estudios de Licenciatura en Humanidades en el año 2006 y desde entonces ha trabajado en muy diferentes puestos de empleo que nada tienen que ver con la labor literaria (repartidor de guías telefónicas, pintor, camarero, ferrallista, jardinero, empleado en tiendas de deportes y empresas de manufactura). Su primer libro, Las ramas del azar, ha sido galardonado con el “Premio Adonáis 2014”. Algunos de sus poemas también han sido recogidos en diversas antologías y revistas literarias, como en nuestro Número UNO de La Galla Ciencia. Es colaborador en el suplemento cultural de Abc Castilla-La Mancha.




¿De qué le salva la poesía?
En mi caso de vivir a medias.

¿Un verso para repetirse siempre?
“Yo no digo mi canción/sino a quien conmigo va”. Romance del conde Arnaldos. Por eso de no creerse imprescindible o profético...

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
En las públicas cualquiera de Rafa Chirbes , de Alfons Cervera o de Marta Sanz. En las privadas “Tres tratados de armonía” de Antonio Colinas o “Perros ahorcados” de César Simón.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Diré la vida, que engloba al resto, pero siempre con la perspectiva puesta en eso otro que no es vida: el vacío y la nada.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Ninguno. Lo que sí me hubiera gustado es cantar como Camarón o El Niño de Elche.

¿Escribir, leer o vivir?
Todo junto. La creación literaria, aunque sea un oficio solitario, genera acción y viceversa. Apoltronarse como un ectoplasma pensante y salir a la calle con cara de  sabio iluminado y embobado no es lo mío.

¿Dónde están las musas?
Ni idea. Lo de las musas es una expresión horrorosa que hace referencia a la mujer como elemento en segundo término dentro de la creación. Algo como la costilla de Adán, que tiene que ver con el servicio al género masculino. Una pregunta más necesaria sería: ¿Dónde están las poetas?

¿Qué no puede ser poesía?
Nada. Pero también todo lo que sea susceptible de definirse mejor en otro género. Antes de ponerse a trabajar en un poema hay que plantearse la existencia y la posibilidad de la narrativa, el ensayo, el artículo, el diario íntimo, la canción o los psiquiatras. Los lectores de poesía lo agradeceríamos.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?
He releído “Devocionario” de Ana Rossetti.

Si todos leyéramos versos, el mundo…
El mundo sería el mismo, pero sospecho que algo raro y preocupante estaría pasando en la poesía.

Tres autores para vencerlo todo.
Claudio Rodríguez, Houellebecq y César Simón, por ejemplo.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Primero papel y Pilot negro de 0,4. Después teclado.


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