miércoles, 12 de octubre de 2016

GRACIELA ZÁRATE


GRACIELA ZÁRATE CARRIÓ
(Buenos Aires, 1962)



Estudia en Argentina Escenografía y Vestuario Teatral en la Universidad del Salvador. En 1985 se traslada a España, donde reside hasta la fecha y donde comienza a escribir poesía. Ha trabajado en Madrid en el CDN (Centro Dramático Nacional)  y Teatro Real, entre otros. Ha participado con plaquetes y recitales en “Los Banderines del Zaguán”, programa especial de “Poeta de Guardia” en Almería, Radio Candil y prácticamente por toda la geografía española. Colaboró en revistas como “Álora, la bien cercada”, “La hoja azul en blanco”, entre otras, y en diversos blogs. Publica críticas y columnas de opinión en la sección de  cultura del periódico “El Ideal”. Participó en las Antologías "Amor se escribe sin sangre", contra la violencia machista, "Contra, poesía ante la represión", "Ciudad celeste", etc. Ha ideado y coordinado "Refugiamos", un libro de poesía y relato que reúne a 41 autores en apoyo a los refugiados en Europa, coeditado por Lastura y Juglar.
En marzo de 2012 escribe A contraluz de embargo, un poemario autobiográfico en tiempo real editado por Lastura (2014). En 2016 han visto la luz Poemas para dibujar en voz alta dentro de la colección de poesía infantil “Versos para duendes” de Lastura, y los poemarios Hoy todo huele a niña y La lucidez de Esquizo en la colección Alcalima de poesía de la misma editorial.


¿De qué le salva la poesía?
Parece un  tópico, creo que todas las personas que escribimos respondemos más o menos lo mismo, que escribimos para poder vivir.  Hablar, simplemente,  a veces salva de casi todo debido al poder que tiene la palabra, el acto de poder articular en lenguaje a uno mismo, salva. El primer libro que me editaron, concretamente, me salvó tal vez hasta de la muerte, no sé qué hubiera hecho en la situación en que la  vida me puso de un día para otro si no me hubiera sentado a escribir compulsivamente, no sé cuál podría haber sido la alternativa y prefiero no pensarlo mucho, la verdad. Ahora puedo decir que de lo que me salva la poesía es de quedar en la superficie de las cosas, de no percibir la belleza que hay en todo y, sobre todo, de la indefensión. 
La poesía es, casi, mi vida completa actualmente, lo que me queda.


¿Un verso para repetirse siempre?

¿Propio o ajeno? 
Si es propio: 
“A contra luz de embargo, propia y blindada voy.” De “A contraluz de embargo” (Lastura)
Si es ajeno:
 “Los nadies, que valen menos que la bala que los mata.” De Eduardo Galeano.
Y no por grandes, sino porque son las dos cosas que necesito no olvidar ni por un segundo para sentirme digna de estar viva.


¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Rayuela.


Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?

Desde luego la vida, porque engloba al resto. El gran tema es la existencia.


¿Qué verso de otro querría haber escrito?

“Por los altos andamios de las flores”


¿Escribir, leer o vivir?

Leer para escribir y escribir para vivir. Vivir.


¿Dónde están las musas?

En el dolor y la impotencia.


¿Qué no puede ser poesía?

Personalmente creo que la poseía debe reunir muchos requisitos o ninguno, debe simplemente  serlo. Pero si debo dar una respuesta a esto diría que lo que no sea verdad, seguro que no lo es.


¿Cuál es el último poemario que ha leído?

“Fiebre y compasión de los metales” de María Ángeles Pérez López


Si todos leyéramos versos, el mundo…

Sería un sitio posible. Pero no basta con leerlos, hay que militar en ellos, creer en ellos, hacerlos importantes, trasladar el compromiso, la verdad, belleza  y esencia de los versos  a la acción del individuo; y no hablo solamente de poesía social, sino la de amor, la metafísica, toda. Así, tal vez, constituiríamos un colectivo posible basado en la suma de conciencias sensibles.


Tres autores para vencerlo todo.

Muy difícil , pero a bote pronto mi tríptico sería  Alejandra Pizarnik , Miguel Hernández, Julio Cortázar.


¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Depende el momento del proceso y del impulso, utilizo las tres cosas. Lo normal es que la primera escritura de un poema la haga en papel y con lápiz, lápiz de grafito además, y que continúe pasándolo de una hoja a otra corrigiéndolo varias veces, a partir de un momento ya lo paso al ordenador y sigo trabajando. Pero cuando no tengo más que un móvil y me llega un poema lo escribo en el móvil, íntegro, siempre me pregunto cómo lo hago; a veces también grabo, si voy andando por ejemplo, cojo el móvil y grabo de corrido el primer boceto del tirón. Es que no tengo nada de memoria y lo que no rescato en el mismo momento en el que aflora a mi cabeza ya nunca lo escribiré, lo pierdo.

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