lunes, 21 de noviembre de 2016

JUAN ALDEA

Juan Aldea
Madrid, 1976





Afincado en Gran Canaria, empieza ahora a publicar tras veinte años de producción poética. Su primer libro, El efecto mariposa, ha visto la luz en 2016. Es uno de los autores de nuestro Número SEIS, la MINORÍA VIRGILIANA II: LOS POETAS SENSATOS. Ha colaborado en algunas antologías y publica regularmente en su blog Lengua de Silencio.





¿De qué le salva la poesía? 

De la razón como única forma de entender el mundo. De la mentira que supone el pensamiento plano, que tan vulnerables nos hace a la manipulación. El pensamiento poético es indomable, no es dogmático, imagino que igual que otras artes, pero yo soy incapaz de desarrollar otras artes, así que finalmente, la poesía me salva de mis propias limitaciones. 

¿Un verso para repetirse siempre? 

Algo más que un verso  
“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ficción, una sombra, una ilusión, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”  
― Pedro Calderón de la Barca, La Vida Es Sueño 

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas? 

“1080 recetas de cocina” de Simone Ortega, y no es una broma. Lo único que realmente debemos es vivir. La literatura es mágica porque, siendo opcional, hay a quien le resulta imprescindible. Y hay para quién fue transformadora. Siempre el último reducto frente al deber. 
Pero si tengo que recomendar uno solo para toda una vida 
Hojas de hierba” de Walt Whitman. 

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema? 

La vida, por supuesto, el fin último del arte es comprender aquello que se nos escapa sobre nuestra propia existencia, algo que sentimos permanentemente sin poder llegar nunca a asir por completo. El amor, el tiempo, las pasiones, los sueños, nos plantean el mismo misterio desde distintas perspectivas, ese fuera-dentro en el que nadamos confusos. La muerte, no es un tema, solo lo pueden ser sus huellas en la vida. 

¿Qué verso de otro querría haber escrito? 

Il y aura une pelle au vent dans les sables du rêve 
(Siempre habrá una pala al viento en los arenales del sueño) 
André Breton 

No puedo explicarlo, sería mala noticia poder hacerlo tratándose de surrealismo. Lo leí hace más de veinte años, ya aún sigue trabajando en mi subconsciente, hablándome de algo esencial que yo mismo persigo. 

¿Escribir, leer o vivir? 

Vivir, vivir y vivir. Ese es el orden.  

¿Dónde están las musas? 

En las horas de trabajo. 
La literatura es comunicación, tu puedes tener las ideas y los motivos, experiencias y sentimientos, pero para llegar, tienes que trabajar el método con el que te comunicas, ahí reside el arte. Y hasta que no llegas, no hay absolutamente nada más que un ego proyectándose. 

¿Qué no puede ser poesía? 

Es una pregunta para darle muchas vueltas. Mi primera respuesta sería que la imitación nunca puede ser poesía, por contradecir el espíritu creativo. Pero no será la primera vez que imitar algo en un momento concreto, en una situación determinada, supone un acto poético en si mismo. 

¿Cuál es el último poemario que ha leído? 

Muy sinceramente, escribo poesía y leo novelas. La poesía la devore con pasión febril en mi más tierna juventud. Recientemente solo he leído la “Primera Antología Poética” de Poesía Nómada, porque salgo yo. Muy sinceramente, insisto. 

Si todos leyéramos versos, el mundo… 

Sería más flexible sin duda, más tolerante, más creativo y menos dramático. El mundo sería un lugar mucho mejor. Pero quizás el mundo necesite ser un lugar mejor para que todo el mundo leyese versos. 

Tres autores para vencerlo todo. 

Juan Ramón Jiménez, Charles Baudelaire y… Ray Bradbury. 
Lo siento, yo de mayor quiero ser Ray Bradbury, pero es cierto que lo que a mí me ha sostenido en esta vida que tan poco entiendo es la potencia artística que me transmitieron ambos poetas, especialmente Juan Ramón, para el que yo reservo la palabra Infinito. 

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone? 

Folios sueltos y bolígrafos rápidos como el rayo, para el impulso creativo. Soledad y silencio. 
Pero he aceptado muy bien las nuevas posibilidades, uso el teléfono para tomar notas de ideas que no quiero perder y me asaltan en cualquier momento y el ordenador para trabajar después los textos, es una gozada tener a mano diccionarios, referencias, y poder darle cierto orden a tu propio material cuando es ingente.


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