lunes, 12 de diciembre de 2016

ANTONIO CRUZ ROMERO

Antonio Cruz
Almería,1978


Antonio Cruz Romero (María, Almería 1978), es un narrador y traductor casual, aunque esencialmente poeta. Ha cursado estudios de magisterio, música, así como un máster en ciencias judaicas. 

Es autor del libro de relatos Cuentos macabros ilustrados, de la novela El banquete. Crónica de un ajusticiamiento, y de los poemarios Poemas apócrifos. Los hijos malditos de Job, la inclasificable (Breve) Antología del Epitafio Maldito, Hay una luz remota (plaquette cuyas composiciones giran en torno a la figura y poesía del poeta José Ángel Valente), y Grecia: Guía de viaje para antipoetas y soñadores, galardonado con el 2º Premio del Concurso de Poesía «Letras Cascabeleras» (Cáceres). Su última obra es un ensayo y traducción titulado Poesía experimental de los cincuenta en lengua neerlandesa.   

La revista de poesía La Galla Ciencia publicó en su número CU4TRO (octubre 2015) algunos de sus poemas en una treintena de páginas bajo el título «El hierro de la lengua marchita». Ha traducido y antologado al poeta norteamericano Robinson Jeffers, al flamenco Hugo Claus, así como al poeta y novelista neerlandés J. J. Slauerhoff, con una antología poética y una edición crítica de su novela modernista El reino prohibido.

Algunos de sus artículos y poemas han aparecido en diversas publicaciones digitales y en papel: El Patíbulo, La Galla Ciencia, El coloquio de los perros, La Voz de Almería, Fábula, Carátula, revista cultural centroamericana (Nicaragua), El Humo (México), Revista Galáctica (Colombia), o Cuadernos de Humo (EE.UU.). Es el fundador y editor de la revista Ravenswood Magazine, y su blog literario lleva por título Sobre filias y fobias literarias.

¿De qué le salva la poesía?

No sé si me salva, ni si salvará a otras personas de manera física o quizá psíquica, pero a mí me ayuda para poder expresarme, es como un código con unas formas distintas, un lenguaje diferente con el que poder decir lo que siento e intentar explicarme dentro de mi propia incomprensión existencial; con otro más convencional me sería mucho más complicado hacerlo.

¿Un verso para repetirse siempre?

¡Hay tantos, y tan variados! Ahora escogería uno, y media hora después puede que otro: de Eliot, Homero, Valente, Trakl, Slauerhoff, J. L. Panero, Roger Wolfe, Rimbaud, Baudelaire, Rosillo, Hugo Claus, Whitman, Machado, Biedma, Pound...

Esta noche me quedaría con este verso de Hilario Barrero:

Saber que eres mi tierra y mi mortaja.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Preguntado así resulta complejo y doloroso, pues preferiría no tener que escoger uno solo, pero puede que La Odisea, de Homero, que contiene todo cuanto uno se encuentra en la vida: aventura, amor, traición, muerte; siguen siendo temas totalmente contemporáneos y siempre los serán.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?

Para mí sólo existen dos grandes (y verdaderos) temas en la poesía antigua y en la actual: la muerte, y el amor; el resto son sucedáneos de uno u otro, e incluso de ambos.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Desearía haber escrito miles. Escojo una serie de hermosos y oscuros versos de Trakl. Cito de memoria:

Sobre negra nube, tú / cruzas ebrio de opio / el estanque nocturno, / y todo el cielo estrellado.

¿Escribir, leer o vivir?

Se podría vivir sin leer ni escribir, pero no sería una vida completa ni placentera. Hay momentos para escribir, y otros para leer, pero lo uno lleva a lo otro; es un proceso recíproco, lo que me recuerda a la frase de Bolaño: Hay momentos para recitar poesía y hay momentos para boxear.

¿Dónde están las musas?

Eso me pregunto yo en muchos momentos. En ocasiones, un buen poema origina que las musas aparezcan, y también un buen vino. Yo soy más prolífico con alguna situación personal dolorosa que con otra que no lo sea. Mala suerte, soy un pesimista casi por vocación.  

¿Qué no puede ser poesía?

Resulta complicado decir qué es y qué no es poesía. Hoy en día los caminos de la poesía están menos definidos y son más difusos que en otros tiempos. Se puede escribir de todo, hasta de las cosas más banales, insignificantes, y cotidianas, como hacen Simic o Wolfe —excelentemente bien, por cierto—, pero por ejemplo la ordinariez no casa con la esencia poética, no puede ser poesía, ni los eslóganes que venden (en todos los sentidos) como si fueran poesía, tampoco pueden serlo.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?

Suelo leer dos o tres por semana, y en la última he releído Actos de amor, de Antonio Praena, un poemario del flamenco Paul Snoek, y El libro de la misericordia, de Leonard Cohen.

Si todos leyéramos versos, el mundo…

El mundo sería más o menos igual, quizá más proclive al buen gusto y a una estética más cuidada, puede que algo más crítico, pero no me hago ilusiones: soy escéptico en que exista algo que cambie el mundo de manera eficaz, ni tan siquiera con la poesía... acaso con una asignatura obligatoria de poesía, desde educación primaria...

Tres autores para vencerlo todo.

T. S. Eliot, José Ángel Valente, y Ezra Pound.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Siempre papel y lápiz. Decenas de papeles numerados para componer un poema, y al final, sólo al final, el teclado del ordenador. Pero durante el proceso creativo del poema, éste lo escribo sobre cualquier papel que tenga al alcance: tickets de compras, facturas, extractos del banco, folios; eso sí, siempre numerados, y más tarde me deshago de todos, y si es invierno me gusta quemarlos en el fuego de la chimenea. 



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