martes, 21 de febrero de 2017

MARÍA MARÍN

MARÍA MARÍN 
Cieza, 1991



¿De qué le salva la poesía?
De mí misma, de los demás y del aburrimiento.

¿Un verso para repetirse siempre?
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
de Pizarnik.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Si bien no es mi libro favorito, considero que nunca debe faltar La Odisea. En ella está todo.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Creo que el amor y la muerte son siempre los temas por antonomasia de toda la literatura, y el resto siempre pivotan a su alrededor. Cada vez que se habla de la vida, siempre se encierra dentro el amor por ella, o el miedo a su pérdida, pero el miedo al paso del tiempo, de la vida, va siempre enlazado al tema de la muerte.
Lo que tengo claro es que nunca inventaremos nada nuevo, los temas, los arquetipos literarios, están inventados desde la noche de los tiempos y para siempre.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Por pedir… cualquiera del soliloquio de Hamlet en la obra de Shakespeare. Morir, dormir… dormir, tal vez soñar.

¿Escribir, leer o vivir?
Vivir, siempre vivir. Pero no podría vivir sin leer, por lo que entiendo ambas como la misma cosa. Lo de escribir es otro cantar.

¿Dónde están las musas?
Las musas duermen con Homero.

¿Qué no puede ser poesía?
Nunca será poesía algo que tenga que ser leído como un documento con temporalidad histórica. Me explico, la poesía no es un “fue” ni un “será”, la poesía debe ser un “es”. No es como la novela o el teatro, donde sí que existe esa dimensión de temporalidad. Entiendo la poesía como algo atemporal y sin nombre, actualizable al momento en que la leo y no pierde ni un ápice de su efectividad. La poesía está fuera del tiempo. La poesía debe ser siempre un presente, pero un presente fuera del tiempo, que se actualice aquí y ahora. Para mí algo que, sacado de ese contexto, de esa voz, no pueda entenderse, nunca será poesía.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?
Ser el canto, de Vicente Gallego.

Si todos leyéramos versos, el mundo…
El mundo tendría algo más de empatía hacia los demás, lo cual es bastante necesario.

Tres autores para vencerlo todo.
Para mí –y de momento–, Sylvia Plath, Shakespeare y Roger Wolfe.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
No están las cosas para hacerle ascos a nada.


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