martes, 21 de marzo de 2017

ANNIE COSTELLO

Annie Costello
Murcia, 1992


Annie Costello nace en Murcia en 1992 y escribe desde que puede recordar. Es su vocación, su obsesión y su salvoconducto. Mientras, estudia Historia del Arte en la Universidad de Murcia y este año en Leeds (Reino Unido). Sus poemas y artículos han aparecido en diversas antologías, fanzines y medios digitales. Ha escrito el poemario Catábasis (Raspabook, 2016) y la plaquette Huérfanos (ad minimum, 2016).


¿De qué le salva la poesía?
¿De qué no me salva? He escrito desde siempre, pero mis poemas empezaron en una etapa concreta, a partir de algo que necesitaba aliviarse, curar. Ahora ya no se limita a eso –escribí, publiqué mi primer libro, terminé aquella etapa–; pero la poesía sigue siendo una tabla de salvación. Contra la enfermedad, el amor o la soledad, pero también contra las realidades incómodas, el proceso de abrir los ojos, el mundo del que soy culpable.

¿Un verso para repetirse siempre?
Sólo los dulces heredarán la Tierra.
(Mía Gallegos)

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Bueno, creo que cada persona tiene sus libros imprescindibles. Sólo puedo escoger los míos. Diré dos: uno es La insoportable levedad del ser, de Kundera, pequeña gran introducción a todo. El otro es Harry Potter. A mis casi veinticinco años, aún defiendo los beneficios de creer en la magia, aunque sea durante el tiempo que dure una lectura. Y a esa historia, con la que crecí, le tengo un cariño infinito.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Con la mirada adecuada, incluso lo más trivial es un gran tema.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Demasiados. Selección, de Emily Dickinson:

De las almas creadas
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma...
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.

¿Escribir, leer o vivir?
Para mí, lo primero es síntoma de lo último. La escritura se me hace, a veces, afirmación de supervivencia: si escribo es que sigo aquí, que todavía no me he rendido.

¿Dónde están las musas?
Allí donde decidas poner tu atención.

¿Qué no puede ser poesía?
Me gusta pensar que todo tiene cabida en la poesía, incluso aquello que en la vida incomoda, duele o inspira rechazo.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?
Los poemas de Jim Morrison.

Si todos leyéramos versos, el mundo…
Quizá despertaría.

Tres autores para vencerlo todo.
¡Muchos! Tolstoi, Eugenides, Maillard… Nothomb, para reír.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

He empezado muchos cuadernos, pero en el día a día me vence la prisa y al final acabo con el móvil lleno de notas. Luego, claro, me siento a ordenarlas y trabajarlas, pero en general todo empieza así: una idea fugaz y un parpadeo de pantalla. 


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