martes, 11 de abril de 2017

ÁLVARO HERNANDO


Álvaro Hernando
Madrid, 1971



Es maestro (con lo que se identifica, por encima de todo), antropólogo e investigador del lenguaje. Autor del poemario publicado en Chicago, en 2016, “Mantras para bailar” (Ed. Pandora Lobo Estepario). Esta misma editorial prepara los volúmenes ya concluidos de poesía: “Chicago Express” (2017) y “Geografía del Alma”. Durante su paso por el periodismo dirigió y presentó varios programas de radio en los que la literatura jugaba un papel especial (Como decirte, cómo contarte, Este perro mundo), colaborando además en diferentes medios, incluyéndose aquí la publicación de poemas y relatos en diferentes revistas. Será uno de los poetas invitados al certamen de poesía Poesía en abril (Festival Internacional de Chicago 2017). Ha participado en varias obras interdisciplinares, destacando la pieza musical contemporánea Leaving the confort zone, del compositor Enric Riu, estrenada en el Auditorio Pritzker del Ed. Washington de Chicago, en la que se usa su poema “Gruta”. Algunos de sus poemas se han traducido al polaco, inglés y francés. En estos momentos continua ejerciendo su labor docente, trabajando para el distrito escolar de Harvard, en el Midwest de los Estados Unidos. Puede leerse una muestra de sus textos en el blog personal: www.alvarohernando.com.



¿De qué le salva la poesía?
Muchas veces he pensado si la poesía es algo tan importante como para ensalzarla sobre otras cosas. Al final he llegado al convencimiento de que no es más importante la poesía que una hoja amarillenta cayendo del árbol. En definitiva, ¿a quién no le ha salvado una de esas hojas, en alguna ocasión, del olvido y de la mediocridad? 


¿Un verso para repetirse siempre? 

“Serenidad, tú para el muerto/ que yo estoy vivo y pido lucha…” 


¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas? 

Esta pregunta me hace pensar en la biblioteca como un arca de Noé, en la que buscarle refugio a los futuros supervivientes de un diluvio. Qué pena dejar alguno fuera. He disfrutado mucho con libros cuyo valor “literario”, por decirlo así, ha sido muy cuestionado y que por contra me han hecho AMAR la lectura. Pero entiendo que esta pregunta va por otro lado. En ese otro lado tiene que acompañarnos, al menos, el poema de Dante Alighieri, La Divina Comedia. Es una manera de tener concentrados en unas pocas páginas los cuadros de El Bosco, lo mejor de Los Soprano y la literatura que uno como yo nunca será capaz de crear. Un compendio de belleza, imaginación y conocimiento. Estoy seguro de que Darth Vader tiene un ejemplar de la Divina Comedia en su e-book.


Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema? 

El olvido. El olvido nos permite convertir en temas fundamentales del presente todos los demás. Somos de memoria escasa y temerosa. La memoria es un árbol que no tiene raíz. 


¿Qué verso de otro querría haber escrito?

No lo tengo claro. Creo que sería un gran acto de soberbia por mi parte tratar de apropiarme de uno de los cientos de versos que me han conmovido hasta hacerlos míos. Bien pensado, ya que voy a ser soberbio, me quedo con toda la producción de Kavafis. Más que un verso, una parte de un poema. Es una crónica, un ritual de paso, un desenlace con sentido: Nada me retuvo. Me liberé y fui./ Hacia placeres que estaban / tanto en la realidad como en mi ser, / a través de la noche iluminada. / Y vebí un vino fuerte, como / sólo los audace beben el placer (Que me perdonen los traductores de verdad). 


¿Escribir, leer o vivir? 

Primero vivir y, si se puede elegir, ¡todo! Escribir sin leer no tiene sentido, como escritor. Puede que no sea necesario lo uno con lo otro, pero eso no es vida. Soy persona de experiencias llenas de intensidad y energía. Me gustan mucho los deportes y las actividades -que normalmente quienes no practican llaman- de riesgo. Aunque ya me voy atemperando, creo que vivir la vida se compone de dotar de conciencia a las experiencias. La escritura y la lectura son inspiración para vivir mejor, más sabiamente. Pero no sé si sacrificaría otro tipo de experiencias por leer o escribir. Por suerte no me he encontrado aún en ese brete. 


¿Dónde están las musas? 

¿La inspiración? En dedicarle tiempo a la observación de las cosas sencillas. La observación es la clave de la creación. Las musas son muy sociables, entre ellas, y se tocan con frecuencia unas a otras para recordarse algunas cosas. Yo intento tener los ojos abiertos cuando algo despierta mi interés. La música, la pintura, las conversaciones, los paseos, ¡mi perra! Todo está conectado entre sí y con el acto creativo a través del interés. Si no hay nada que lo despierte -el interés-, desconecto y me dedico a dispersar mi energía. Por ejemplo, soy muy dado a escribir en pinacotecas. Dos de los poemarios creados durante estos últimos cuatro años han sido casi completamente escritos en el Art Institute de Chicago. También es importante la música. La música rara vez ha cesado mientras escribo. Hay están las musas. Las artes se tocan. 


¿Qué no puede ser poesía?

Lo indigno y lo falso. Lo postizo no viste bien a los poetas. 


¿Cuál es el último poemario que ha leído? 

Un maravilloso poemario inédito titulado Caníbal, de Tulia Guisado. Se publicará, espero, en breve. Una magnífica muestra de la calidad de la literatura que está y llegará. Es uno de esos textos que te llaman a los días de haberlos leído, para volver a sumergirte en sus imágenes. Es ya un éxito en su ejecución, que espero también lo sea entre los lectores. Lo leí hace unas semanas y lo he vuelto a hacer esta. Excelente poeta.


Si todos leyéramos versos, el mundo… 

Sería más soportable que comprensible, imagino. Hay tantos tipos de versos que la cosa sería interesante. Veríamos tantos tipos de mundos como de versos leídos. Sinceramente, opino que hay más lectores de versos de los que se confiesan en público como amantes de la poesía. Creo que para todos los que leemos versos el mundo es mucho más épico, menos aburrido. Las cosas cobran sentido, sin saber demasiado bien uno cómo esto ocurre. 


Tres autores para vencerlo todo.

Qué preguntas más difíciles (e injustas). Antes de contestarla ya me siento culpable, por dejar fuera a unos frente a otros. Cervantes, Rosalía de Castro, Cunqueiro, Martín Gaite, García Márquez, Laforet, Kavafis, Hermann Hesse, Miguel Hernández, Poniatowska, Thomas Wolfe… y mil más, hasta hacer tres. 


¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Desde que he descubierto que no todos los ordenadores y dispositivos electrónicos tienen por qué dar calambre, confieso que escribo directamente en mi blog (ocultando la mayoría de entradas). De ahí lo paso a documento en texto y lo corrijo y edito. El papel y el lápiz me funciona igual de bien, pero luego es una lata pasarlo todo a limpio. Cuando veo a alguien sentado en una cafetería, junto a su ordenador portátil, escribiendo con aire bohemio en un papel, me provoca una tremenda ternura. Ya sabes, como en los cuentos de Felisberto Hernández, “Llegué a un lugar donde había una laguna. Me parecía absurdo que sufriendo yo tanto hubiera una laguna tan quieta”. Aún así estoy abierto a la posibilidad de recibir plumas estilográficas de regalo. Ahí lo dejo. 


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