viernes, 21 de abril de 2017

JOSÉ DANIEL ESPEJO


José Daniel Espejo
(Orihuela, 1975)

José Daniel Espejo es autor de los poemarios Los placeres de la meteorología (Nausícäa, 2000), Quemando a los idiotas en las plazas (Editum, 2001), Música para ascensores (Tres Fronteras, 2007), Mal (Balduque, 2014) e id (Ediciones del 4 de Agosto, 2016), así como de las plaquettes El tiempo hace fú (Colectivo Iletrados, 2011) y Psycho Killer Qu´est Que C´est (Ad minimum, 2014), y del volumen misceláneo habla con medusas (La Galla Ciencia, 2015). Es uno de los poetas seleccionados por Martín Rodríguez Gaona en su estudio Mejorando lo presente. Poesía española última. Posmodernidad, humanismo y redes (Caballo de Troya, 2010). También ha aparecido en las antologías Resaca / Hank Over (Caballo de Troya, 2007), Poesía para bacterias (Cuerdos de atar, 2008), Fractal (El llano en llamas, 2010), Esto no rima (Origami, 2012), Voces del extremo (Amargord, 2013), En legítima defensa (Bartleby, 2014), Desde el mar a la estepa (Chamán, 2016) y Composición de lugar (La Fea Burguesía, 2016). Algunos de sus libros han recibido inmejorables críticas en medios como El Cultural del periódico El Mundo, Deriva y Quimera. Ha participado con poemas, artículos y traducciones en revistas: Litoral, Josefina la cantante, Hache, Manual de lecturas rápidas para la supervivencia, Quimera, Rebelión.org, Manifiesto azul y El coloquio de los perros. Mantiene un espacio semanal de periodismo social y político en el diario La Opinión de Murcia y un blog en la revista La galla ciencia, y desde 2005 engrosa un experimento narrativo en formato digital llamado ¡Solipsistas del mundo! (http://perezayensaladas.blogspot.com).


¿De qué le salva la poesía?
Del márketing.
¿Un verso para repetirse siempre?
Si vas a repetírtelo mucho, mejor usar uno malo. Los buenos, para las ocasiones. Un verso demasiado repetido se convierte en un mantra, que en cierto sentido es justo lo contrario. Por poner algo, ahí va el mantra que usaba yo cuando meditaba: sarvakarmafalatyaga (“Desapego por el fruto del acto”). Se lo tomé prestado a Emil Cioran, jejej.
¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Las bibliotecas deberían tener libros de autores muy grisáceos, muy desconocidos, gente sin facebook ni desparpajo para la perfopoesía, ni buenas personas, sin rastro de atractivo personal, ni dinero, ni tan siquiera orgullo proleta. El resto de autores puede publicar en las nuevas editoriales independientes y rutilantes, pero ellos no. Y yo quiero leerlos. Como dice Magris, puede que el mejor amante de la vida no sea el que la seduce y la corteja y se la lleva a un hotel, sino el que le escribe desoladas cartas de amor (ridículas) y no se las manda nunca. Quiero leer esas cartas.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
La poesía no tiene un tema, afortunadamente. La poesía disuelve por contacto toda compartimentación temática que se le imponga desde cualquier tribunal, desde cualquier canon. O eso, o pierde su poder disolvente. Elige.
¿Qué verso de otro querría haber escrito?
A estas horas de la mañana yo creo que “¿No adivinas tú mismo, por mis canciones / que soy sencillo y doble como este árbol?”, de Goethe, del Diván.
¿Escribir, leer o vivir?
De entre esas tres cosas, yo creo que elijo leer. Pero puede que sea porque son las ocho de la mañana de un jueves laborable.
¿Dónde están las musas?
Fíjate si me repatea el concepto de musa que la mayonesa la compro Ybarra.
¿Qué no puede ser poesía?
El márketing.
¿Cuál es el último poemario que ha leído?
“(R)evolución”, de Rafael Serrano, antesdeayer.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
Parto de que todo el mundo, salvo tal vez algún consejero delegado o algún ministro, tiene la cabeza llena de versos, leídos o cantados. Y les da uso.
Tres autores para vencerlo todo.
Jayyam, Garcilaso y Brecht.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Todavía necesito ser consciente de lo que hay bajo las tachaduras mientras escribo poemas, así que de momento papel y boli.










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