domingo, 21 de mayo de 2017

ARTURO TENDERO


Arturo Tendero
(Albacete, 1961) 


Foto de Jorge Zafrilla
Es poeta, periodista y profesor de Educación Física. Ha publicado, entre otros, los poemarios La memoria del visionario (Visor), Adelántate a toda despedida (Pre-textos), Cosas que apenas pasan (Hiperión) y Alguien queda (Renacimiento). Ha ganado premios como el Jaén, el Gerardo Diego, el Juan Agustín Goytisolo o el Manuel Alcántara. También ha estrenado un par de obras de teatro y ha escrito libros en otros géneros, el último una panorámica histórica de su pueblo titulada Chinchilla mon amour (2017). Fundó y dirige con Juanjo Jiménez la revista de artes La siesta del lobo. Mantiene una columna fija los domingos en el diario La tribuna dedicada a la reseña de libros de poesía, que luego cuelga en el blog El mundanal ruido.  (http://articulosdearturotendero.blogspot.com)


¿De qué le salva la poesía?
No sé si es tanto que me salve como que me ayude a mantener viva la consciencia de mi mundo emocional.

¿Un verso para repetirse siempre?
Por ejemplo, el célebre de Eliot: «el hombre no soporta demasiada verdad», o los de Gil de Biedma: «Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde».

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Hay muchos. Por ejemplo, jejeje, uno mío, como Alguien queda o Adelántate a toda despedida.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Lo importante es el poema, que te cale, que te emocione. El tema es solo la excusa. Cualquier tema vale, desde el más trascendente hasta una bolsa de plástico o un huevo frito con patatas.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Fíjate, no me da envidia ningún verso porque considero que la unidad de medida de la poesía es el poema. Poemas sí que me hubiera gustado escribir tantos y tantos… A menudo envidio poemas que están escribiendo hoy en día algunos amigos, poemas que me tocan muy de cerca. A veces tengo la sensación de que se me han adelantado por muy poco o que han conseguido decir mejor lo mismo que yo intentaba decir.

¿Escribir, leer o vivir?    
Todo va revuelto. Como le aconsejó Rilke a un joven poeta, antes de escribir un solo verso hay que haber vivido mucho y hay que haber olvidado y esperar a que lo vivido fermente en un poema, o en lo que sea. Leer es una de las maneras de vivir.

¿Dónde están las musas?
Pues supongo que las llevamos siempre dentro, porque es de ahí de donde muchas veces brota el primer verso o la primera música del poema. Esos que dicen que regalan las musas. El resto hay que ganárselo.

¿Qué no puede ser poesía?
Desde luego, la poesía no es razonable, aunque a veces imite al pensamiento. Pero es un pensamiento poético, o sea una emoción disfrazada de razonamiento.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?
Por cuestiones, digamos, profesionales, leo uno o dos poemarios todos los días. Consideraremos que lo último que he leído ha sido un poema de José Luis Parra, Ritual de la persiana, que me desperté queriendo releer y ha sido lo primero que he abierto hoy.

Si todos leyéramos versos, el mundo…
Dice siempre el maestro Brines que la poesía nos hace más tolerantes porque somos capaces de sentir con gente muy distinta a nosotros. Nos emociona a los hombres un poema de una mujer pariendo, sin ser homosexuales podemos emocionarnos con un poema de amor homosexual… Y así.

Tres autores para vencerlo todo.           
Como he dicho antes, creo que la unidad de medida de la poesía es el poema, no el libro ni mucho menos el autor. Pero hay tantos… Por ejemplo, «Amor constante más allá de la muerte» de Quevedo, «La noche oscura del alma» de San Juan de la Cruz, «En tanto que de rosa y azucena» de Garcilaso.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Irremediablemente, las tres cosas: A veces anoto en un papel, con un lápiz, el primer esbozo. Luego lo paso al Smartphone, para tenerlo en la nube y poder trabajarlo con el portátil. Soy un poeta rumiante: Le doy infinitas vueltas, lo olvido a propósito, lo releo, lo reconstruyo, vuelvo a olvidarlo…



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